Open de Australia: Análisis de la final Sinner-Medvedev

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Más
Publicidad
Publicidad
Publicidad

El Sinner-Medvedev, bajo la lupa: análisis táctico de la final del Open de Australia

Sinner
SinnerAFP
La progresión de Jannik Sinner choca con la habilidad de Daniil Medvedev, quien estuvo a dos puntos de la eliminación ante Ruusuvuori y Zverev en la Rod Laver.

El domingo por la mañana Jannik Sinner jugará su décimo desafío personal contra Daniil Medvedev, el más importante: en caso de éxito, que sería el cuarto consecutivo contra el ruso, para el surtirolés sería el primer Grand Slam de su carrera.

La racha positiva contra Medvedev no debe, sin embargo, engañar al italiano, que en la final puede ser considerado en cierto modo favorito, pero tiene menos experiencia que el moscovita, que jugará su sexta final: precisamente sobre el cemento de Melbourne, hace dos años, Medvedev se quedó a un set del triunfo, derrumbándose de forma bastante increíble contra Rafael Nadal.

Sin duda, Sinner estará más fresco desde el punto de vista físico, ya que ha pasado mucho menos tiempo (algo menos de seis horas) que Medvedev en la pista: el ruso acaba de remontar tres batallas en el quinto set: contra Emil Ruusuvuori (0-2 a 3-2), contra Hubert Hurkacz y contra Alexander Zverev, donde una vez más se vio obligado a remontar dos sets.

El duelo desde el punto de vista táctico

Resulta trillado decir que Sinner tendrá que intentar replicar el rendimiento que mostró ante Novak Djokovic y durante todo el torneo.

Contra el serbio, hay dos cifras que deben emularse: el 83% de puntos ganados con el primer saque y los 0 puntos de ruptura concedidos a Djokovic, una cifra improbable en lo que a juegos al saque se refiere; la capacidad de respuesta que a menudo ha sorprendido al número uno del mundo.

El rendimiento de un Djokovic por debajo de sus posibilidades no debe engañar, porque al otro lado de la red Sinner se encontrará con un tenista con un saque extremadamente sólido y una respuesta muy eficaz (muy poco habitual dada la posición desde la que tradicionalmente elige pararse).

Los últimos partidos entre ambos han visto cómo se acortaban las distancias desde el fondo de la pista, un terreno en el que Medvedev dominaba antaño: ser capaz de contener los intercambios desde la distancia, especialmente los largos, para Sinner debe ser una prerrogativa esencial a mantener para llevarse el partido a casa.

Él, y su equipo lo saben bien, y podría insistir en el "peor" golpe del ruso, la derecha, y explotar las grietas mentales de su rival, víctima a menudo de sus propio mal genio y capaz de distraerse mucho más fácilmente que el italiano.

En el partido de Turín del pasado noviembre, por ejemplo, Sinner había demostrado que era superior al ruso tanto en variación (Medvedev no es un gran jugador de red, Sinner mejora partido tras partido) como en consistencia, salvo algunos errores legítimos repartidos a lo largo del encuentro.

Y en esa ocasión, como ocurrió contra Djokovic, el set perdido en lugar de aplastarle le había cargado aún más.