La Selección Mexicana de Fútbol armó una fiesta y se dejó querer esta noche por 25,000 personas que se dieron cita en el Nemesio Diez de Toluca donde arrasó a una Serbia experimental que, aunque se puso arriba en el marcador, poco pudo hacer ante los latigazos de buen juego que el equipo de Javier Aguirre para terminar goleando 5-1 al cuadro balcánico, con goles de Johan Vásquez, Raúl Jiménez, Luis Chávez y dos tantos en propia puerta de Stefan Bukinac y Adem Avdic.
En la última prueba de una larga concentración y después de un proceso mundialista lleno de altibajos, el Tri dejó ver una buena cara con una alineación que se pronostica sea muy similar a la que debutará en la Copa del Mundo el próximo jueves en el Estadio Ciudad de México, en medio de un júbilo que tanto se esperaba en el seno de la selección.
El lado izquierdo ilusiona
Entre ese funcionamiento, el lado izquierdo del equipo que ha ido formando Javier Aguirre se ha consolidado como el sector desde donde nacerán las principales ilusiones de una afición que, de a poco y muy a su manera, se ha ido envolviendo en el ambiente que traerá consigo el tercer Mundial que se disputará en suelo mexicano.
Con Johan Vásquez desde la defensa, pasando por Jesús Gallardo y Brian Gutiérrez, hasta la posición de Julián Quiñones, toda la banda izquierda del Tri parece consolidada para ser la puerta creativa en busca del arco rival. Esta noche, la posición del delantero del Al-Qadsiah como un falso extremo fue lo mejor de México, aunque todavía no está claro si el campeón de goleo de la Saudi Pro League será titular ante Sudáfrica.
Entre esas variantes también estuvo el talento inconmensurable de Gutiérrez. El mediocampista de Chivas fue quien mostró aptitudes para romper líneas o para hacer ese último pase con intención real de peligro. Si la lógica impera el rojiblanco debe ser titular el próximo jueves en el Estadio Ciudad de México y no debería volver al Guadalajara; su fútbol pide suelo europeo.
Confianza a tope
El 5-1, con dos autogoles difíciles de imaginar, terminó siendo el embate anímico que el cuerpo técnico del cuadro mexicano venía buscando en los últimos partidos, en los que ya había mostrado un mejor ritmo de juego e ideas claras. Aguirre, quien ha repetido en innumerables ocasiones lo exigente que es la afición, necesitaba eliminar cualquier distancia pasional.
Con un juego de luces improvisado con celulares, como suele ser tradición en la Bombonera durante los partidos del Toluca, la gente despidió al combinado nacional con un abrazo sentido y lleno de cariño, ya con la mirada puesta en un ansiado debut en casa.
México ha disputado el primer partido de un Mundial en siete ocasiones, con dos empates y cinco derrotas. El Tri sabe que está ante una oportunidad histórica este jueves que retumbe en la historia del fútbol mexicano, como nada lo ha hecho desde su primera participación en la justa en Uruguay 1930. Para eso, ya tiene el empuje anímico que tanto había necesitado en los últimos tiempos y que, sin duda, estará presente el próximo jueves en una cita impostergable que paralizará al país.
