La calma previa al inicio de la Liga BetPlay II-2026 quedó rota por una rebelión sin precedentes. Ocho de los clubes más importantes del fútbol colombiano decidieron cuestionar el modelo actual de explotación y reparto de los derechos de televisión, al considerar que el sistema vigente ya no responde a la realidad económica del campeonato. Aunque Win Sports ha quedado en el centro de la conversación pública, el conflicto apunta realmente al esquema de distribución de los ingresos que administra la Dimayor.
La inconformidad no surgió de un día para otro. Desde hace varios años algunos equipos vienen manifestando que las instituciones con mayor capacidad de convocatoria, audiencia y generación de ingresos deberían recibir una participación superior en los recursos provenientes de los derechos audiovisuales. El argumento principal es que no todos los clubes aportan el mismo valor comercial al producto y, por tanto, consideran que el reparto igualitario necesita una revisión.
Equilibrio en el reparto de derechos
En ese contexto aparece Win Sports, socio estratégico de la Dimayor y propietario de los derechos de transmisión del campeonato. Sin embargo, el canal no es el origen del conflicto. La discusión gira alrededor del contrato existente y, especialmente, de la forma en que los recursos llegan posteriormente a los clubes. Por eso, más que una confrontación directa con la televisora, el debate enfrenta dos modelos de negocio distintos dentro del fútbol colombiano.
Los equipos que lideran esta iniciativa sostienen que ligas como la Premier League, LaLiga o la Serie A han encontrado fórmulas que combinan una parte fija para todos los participantes con incentivos ligados a la audiencia, el rendimiento deportivo y el impacto comercial. Bajo esa lógica, consideran que un esquema más flexible permitiría fortalecer financieramente a las instituciones que generan mayor interés sin dejar de garantizar la sostenibilidad de los clubes con menor capacidad económica.
En la otra orilla aparecen quienes defienden el sistema actual. Para estos clubes, mantener un reparto relativamente equitativo evita ampliar la brecha económica entre los equipos grandes y los pequeños. Temen que una redistribución basada principalmente en la popularidad termine concentrando aún más los recursos y reduzca la competitividad de un torneo que históricamente se ha caracterizado por la paridad entre sus participantes.
El momento de la disputa tampoco es casual. El fútbol colombiano atraviesa una etapa de cambios estructurales, con un mercado cada vez más competitivo en materia de contenidos deportivos y plataformas digitales. La forma en que se negocien los futuros derechos audiovisuales podría definir buena parte de la estabilidad financiera de los clubes durante la próxima década, en un escenario donde las fuentes tradicionales de ingresos resultan insuficientes para sostener plantillas competitivas.
Más allá de las diferencias económicas, la crisis también pone a prueba la gobernabilidad de la Dimayor. Alcanzar un consenso entre instituciones con intereses tan distintos será uno de los mayores desafíos para la dirigencia. Si no existe un punto de encuentro, el conflicto podría prolongarse e influir en futuras negociaciones comerciales, afectando la imagen del campeonato y generando incertidumbre entre patrocinadores, operadores y aficionados.
Lo que hoy parece una discusión sobre derechos de televisión terminará definiendo el modelo de negocio del fútbol colombiano. La decisión no solo establecerá cuánto dinero recibe cada club, sino también qué tipo de liga quiere construir el país: una donde prevalezca la redistribución para mantener el equilibrio competitivo o una que premie con mayor fuerza el peso deportivo y comercial de sus instituciones más poderosas. El desenlace marcará el rumbo del campeonato durante los próximos años.
