Lee la crónica del Atlético-Villarreal
Julián Álvarez no quiere seguir en el Atlético de Madrid. Lo dijo en voz alta en el Mundial, lo ha vuelto a repetir en conversaciones con el entrenador y los dirigentes del club. Pero estos se han negado en redondo a dejar marchar a su estrella. Y menos si es para reforzar a un rival, se llame Real Madrid, que ofreció 150 millones de euros por él, o sobre todo Barcelona, el que más ha insistido y sigue haciendo, y donde La Araña quiere jugar.
Pero mientras logra su objetivo, si es que lo consigue, sigue perteneciendo al Atlético y cobrando generosamente de él. Así que le toca jugar incluso delante de una afición que ya no lo quiere, que lo ha convertido en su enemigo público número uno, como le demostró al entrar al rectángulo de juego.
Sin embargo, aún estaba lo peor por llegar. Con los seguidores rojiblancos de uñas, mientras sus compañeros saludaban y agradecían el apoyo durante el encuentro ante el Villarreal, Julián Álvarez se marchó con el rostro serio, la cabeza bajada. Fue la imagen del encuentro. Y en cuanto los aficionados colchoneros se dieron cuenta, ya no hubo más objetivo que 'cazar'. Hasta le tiraron una bufanda... Dijo luego Simeone que fue decisión del club que pasara así y no acompañara al resto de jugadores.
La situación no es, desde luego, agradable. Ya pidió Simeone en la previa comprensión y se mostró en contra de los insultos. Pero lo visto en la tarde del domingo deja a las claras que no hay vuelta atrás, que no hay goles que hagan recuperar el cariño. Sólo en el Atlético de Madrid saben si merece la pena que su público vaya a tratar así a su hombre franquicia.
