Una apática selección mexicana opaca la fiesta en el Estadio Azteca

Una apática selección mexicana opaca la fiesta en el Estadio Azteca
Una apática selección mexicana opaca la fiesta en el Estadio AztecaALFREDO ESTRELLA / AFP

La apertura del majestuoso Estadio Azteca se vio envuelta en otra inoperante actuación de la Selección Mexicana de Fútbol ante Portugal. La gente, entregada desde un inicio, mostró su molestia al final del partido. Las dudas de siempre siguen sin responderse con el Mundial a la vuelta.

En una tarde de marzo de 2026, la Meca del fútbol mexicano volvió a abrir sus puertas y la pasión de un pueblo se aglomeró alrededor de su icónico campo de juego; a pesar de su paupérrima selección.

Nunca, desde la creación de los Mundiales, la Selección Mexicana de Fútbol ha estado a la altura de la efervescencia de su gente. En la reapertura de un renovado y pletórico Estadio Azteca ante la seria Portugal, esta norma no fue la excepción.

¿La fiesta? Sólo en la grada

A tres meses de la Copa del Mundo, el equipo de Javier Aguirre sigue sin poder mostrar un juego colectivo que genere algo de ilusión a su gente. Sin garantías en la cancha, el fervor y colorido en la grada siguen siendo bandera de una idiosincrasia futbolera.

La fiesta, armada desde la expectativa y realizada en una renovada grada con el colorido y la alegría particular de la idiosincrasia mexicana se fue diluyendo ante la inoperancia de un equipo que, durante todo el proceso mundialista no encontró respuestas ante las dudas existenciales dejadas por el traumático Catar 2022.

Portugal, un equipo hecho y derecho, jugó al ritmo de Bruno Fernandes. El mediocampista del Manchester United mostró su templanza y su capacidad cerebral para jugar. En solo dos ocasiones durante el primer tiempo, México pudo partir del centro de la cancha con balón controlado, sin que se pudiera reflejar en un peligro inminente.

Y si la primera parte fue notable por su opacidad, la fiesta popular de la gente se terminó por completo en una segunda mitad sin pies ni cabeza del cuadro mexicano, que no es capaz de generar peligro en el área rival. Y, cuando se presentó una esporádica, Armando González, la figura rimbombante del Guadalajara, no pudo anotar con un remate en el área chica.

Muchas dudas 

Al darse cuenta que se estaba ante otra actuación pobre del cuadro tricolor, el ambiente festivo terminó de tajo. Porque aunque la ilusión de ver al Azteca en el epicentro del ánimo nacional estaba a flote, la gente no olvidó que en menos de tres meses se juega un Mundial.

El final del partido fue un reclamo de tajo y contundente. Los oles coreados al unísono con los pases lusitanos fueron el mensaje que terminó perdurando en otra noche agridulce, y dolorosa como pocas, que le ha dado la selección mexicana a su gente.

A tres meses del Mundial, las dudas están más asentadas que nunca. Y la gente, por muy fiel que sea y con las ganas intactas de una victoria para toda la vida, dejó claro este sábado que quiere y exige que, de una vez por todas, lo que suceda en la cancha esté a la altura de la pasión genuina que siempre está presente en la grada.