Centro de datos del Navone-Mérida
Sin incluir sus victorias en previas (concretamente en las últimas ediciones del US Open, del Abierto de Australia y del Abierto de Miami), el español no sabía lo que era ganar un partido en el circuito ATP. Hasta su llegada a la capital de Rumanía, donde ha vivido unos días para el recuerdo que deberían servirle de impulso de cara a lo que afrontará a lo largo del año y en próximas temporadas, pues su corta edad invita a proyector una larga carrera como tenista.
Desconocido para el gran público, Mérida superó dos encuentros (contra Purtseladze y Schwaerzler, ambos por la vía rápida) antes de conseguir el billete para la primera ronda, en la cual dejó por el camino a Virtanen en un duelo mucho más intenso y disputado. Luego, el madrileño tumbó al experimentado francés Mannarino en la ronda de octavos y se benefició de la retirada del también galo Droguet en cuartos.
Al borde del top 100 (algo que se materializará el lunes) gracias a su triunfo ante otro jugador con bastante recorrido como el húngaro Marozsan, Dani se plantó en la gran final con la moral por las nubes, aunque también con cierta fatiga. Este domingo, el último escollo era Navone, favorito tanto por ranking como por edad y número de victorias en la élite. Y no tardó en marcar terreno el argentino, ya que tomó ventaja en el set inaugural gracias a un sólido 6-2 en menos de media hora.
Todo cambió a partir de la segunda manga, en la que Mariano se mostró muy débil con su servicio -lo perdió en cuatro juegos de forma consecutiva, lo que le dejó sin apenas opciones de cerrar el duelo por la vía rápida (4-6). Con todo por decidir, el último tramo estuvo marcado por varios momentos clave: el 60º del mundo pasó de un adverso 1-3 a dominar por 5-3, aunque dejó escapar dos bolas de partido y tuvo que esperar unos minutos para sellar la victoria a la tercera (7-5).
