República Checa 0-3 México
El pragmatismo de Javier Aguirre provocó un cambio rotundo en el funcionamiento que la Selección Mexicana de Fútbol tuvo esta noche de miércoles en la cancha del Estadio Azteca ante la seria amenaza directa y área que representa por sí sola República Checa, un equipo que ha echo de su altura y velocidad sus principales armas. Una postura que le rendiría frutos al técnico mexicano con una noche inolvidable e histórica que la afición mexicana difícilmente olvidará.
El ‘Vasco’ dejó claro en los días previos al partido que, aunque ‘El Tri’ ya estaba clasificado para los 16vos. de final de la Copa del Mundo, tras asegurar el primer lugar del Grupo A, su intención era plantar un equipo distinto al de los primeros dos partidos para dar descanso a sus titulares indiscutibles, pero sin dejar de lado el deseo de obtener los res puntos en juego; y así lo hizo para fortuna de un país que sigue soñando con una actuación contundente que cambie su historia para siempre.
Altura y fortaleza
Con cinco cambios respecto al once titular de México en la victoria ante Corea del Sur, Aguirre puso un 4-3-3 menos flexible que en sus anteriores presentaciones, con Edson Álvarez como contención al lado de Luis Romo y Gilberto Mora. Adelante, Julián Quiñones y Roberto Alvarado fueron extremos sin desbordes y muchos intentos diagonales para intentar juntarse con Guillermo Martínez, el espigado delantero del Club Universidad, en una fase ofensiva con menos fluidez e intensidad.
Viendo el parado de rocoso mexicano, República Checq convirtió su juego directo en su principal arma para hacer daño, junto a la intensidad de sus interiores. Los trazos largos a las bandas, atacando la baja estatura de los laterales mexicanos, Mateo Chávez y Jorge Sánchez, provocaron seria sensación de peligro en el arco mexicano, con cuatro disparos desviados en 20 minutos y dos proyectiles en forma de saques de banda que pusieron de nervios a la ferviente grada mexicana. En ese umbral de aproximaciones, el mejor del cuadro europeo fue Denis Visinsky, autor de un par de diagonales frenéticas y de un tiro que pasó cerca del poste derecho del arquero Raúl Rangel.
Tras la pausa de hidratación, el cuadro mexicano se acomodó mejor en la cancha, pero siguió careciendo de dinamismo, sin perfiles que pudieran acometerse a esa tarea. Con mucho más ímpetu y deseo de competir al roce, ‘El Tri’ arrinconó un poco al seleccionado checo, que solo perdió el orden feroz de su línea defensiva una sola vez, cuando Jorge Sánchez llegó por sorpresa al área grande y metió el primer disparo a gol mexicano al minuto 38, sin que provocara mayor peligro para el arquero Matej Kovár.
Hecho el desgaste, los últimos minutos del primer tiempo fueron de acercamientos estériles ante un bloque cansado pero eficaz de República Checa. El silbatazo final dejó a más de cuatro futbolistas con las manos en las rodillas intentando tomar aire. El desgaste, más que la creatividad, dejó claro que iba a ser un partido estratégico en el que no había que tener errores.
El show de Mora y tributo a Ochoa
A pesar de la falta de flexibilidad, Aguirr mandó al mismo equipo para el segundo tiempo. En una muestra de que su sapiencia va más allá de estímulos emocionales y esporádicos. Una resilencia que ‘El Vasco’ ha ido cultivando de a poco en su tercer ciclo al frente de la selección nacional y que esta noche volvió a rendirle frutos, gracias a Gilberto Mora quien, en su primer partido como titular en un Mundial, volvió a demostrar por qué está llamado a ser una figura preponderante en la historia del fútbol mexicano.
Pasado el engorroso primer tiempo, la segunda parte tuvo a un ‘Tri’ mejor plantado en lo anímico y despejado de mente. Tras unos minutos de silencio roce y enfrentamientos férreos, el cuadro de Aguirre empezó a soltarse sin mayor disimulo. Al minuto 55, un contragolpe con un Romo formidable para aguantar la pelota y meter una asistencia al espacio dejó a Mateo Chávez solo frente al arquero y con una sutiliza de su pierna izquierda definió con un pase a la red para un 1-0 de desahogo y desenfreno mexicano.
El gol fue el último golpe certero a una débil mandíbula checa que simplemente perdió el rumbo. Con el ambiente totalmente en contra, Mexico aprovechó el tambaleó de su rival y clavó el segundo gol por medio de Quiñones, que llegó a un rebote de n el área chica tras un pase exquisito de un Mora sin empacho y dueño de sí mismo. A sus 17 años, el jugador de Xolos —por ahora— le dejó claro al mundo que su visión y temple son dignos de llamarlo crack.
Para que la fiesta fuera completa, en una noche redonda mexicana, el l Estadio Azteca estalló cuando vio salir a calentar a Guillermo Ochoa, el mejor portero en la historia del futbol mexicano. Cuando el cantero del América ingresó al minuto 77 lo hizo bajo una estruendosa ovación que reconocía su presencia en seis mundiales; cuatro en cancha. Un digno final para la carrera de Memo. El final del partido, por su fuera poco, tuvo un gol de último minuto, obra de Álvaro Fidalgo, que coronó la culminación de un partido histórico: México ganó sus tres primeros compromisos de fase de grupo en una Copa del Mundo por primera vez. Un aliciente para enfrentar la siguiente fase de eliminación directa, un espectro que no logra superar desde hace 40 años.
