Leo Suárez puede presumir haber sido captado por la misma persona que descubrió a Juan Román Riquelme cuando llegó de muy chico a Boca Juniors. Pero lo que Ramón Maddoni vio en aquel pequeño de tan solo seis años no terminó de consolidarse nunca y el nacido en San Martín pasó a engrosar la lista de promesas incumplidas en el fútbol mundial.
El argentino pasó en 10 años de rechazar un contrato en Boca Juniors, irse libre al Villarreal de España, deambular sin mayores logros por Valladolid y Mallorca, arribar a México como un jugador importante, salir a préstamo a su natal Argentina y ahora, para este Clausura 2026, llegar al moribundo Mazatlán.
De figura a prescindible
Suárez arribó a México en 2020 como una de las contrataciones más importantes del Club América, uno de los equipos preponderantes del país. No obstante, la promesa de regate, visión y creatividad fue diluyéndose con el correr de los meses, aunque, gracias al siempre benévolo fútbol mexicano, Leo encontró mucha paciencia en su andar.
Tras una salida a préstamo con Santos y formar parte del América campeón de 2023, sin un aporte atronador en el título, Suárez encontró refugio en Pumas, un grande alicaído que esperaba darle el contexto necesario al argentino para que —por fin— pudiera explotar como todo su entorno estaba esperando.
Para mala suerte de Pumas y del propio Suárez, la relación entre ambos nunca terminó de cuajar. Por eso, un préstamo al icónico Estudiantes de la Plata terminó siendo la mejor solución para ambas partes. Sin embargo, y a pesar de formar parte del equipo campeón de la liga argentina en 2025, Leo no vio mucho tiempo de juego.
Sin mucho espacio y ofertas redituables, Suárez llega a préstamo ahora a Mazatlán. El equipo de Ricardo Salinas Pliego, que desaparecerá en seis meses, se encuentra en una indigna gira de adiós tras una corta existencia y se ha convertido en un cheque al portador tras sufrir tres derrotas consecutivas en el inicio de la Liga MX con nueve goles en contra.
Una realidad dura para un futbolista de 30 años que dejó atrás aquella época en la que muchos apostaron por él, pero que tiene ante sí la oportunidad de revalorizarse, pensando en que la franquicia de Mazatlán se convertirá en Atlante, un cuadro histórico que vuelve a la palestra de la Primera División mexicana y al que le encantaría contar con aquel Leo Suárez voraz, eficaz y poderoso que todos soñaron alguna vez.
