La verdad no se puede inventar. Para ir del Parc Central de Mataró a Rocafonda, el barrio donde creció Lamine Yamal, hay que pasar por la calle América y la calle República Argentina. Hace calor, y por tanto hay sed, así que nos sentamos junto a un grupo de tres amigos, uno de ellos con la camiseta de la gran figura local, que analizan tácticamente la final y comentan los movimientos de Kylian Mbappé y Karim Benzema. El ambiente es pesado y se está mucho mejor dentro, hojeando un periódico del día, que no puede evitar mostrar su alegría al ver a una selección muy blaugrana enfrentarse a la Argentina de Lionel Messi. Ya se respira ambiente de fiesta: entre reservas para conseguir una buena mesa frente a la tele, llegan varios barriles de cerveza y una caja de botellas de ron, por si la noche se alarga hasta el amanecer.
Las calles poco a poco se tiñen de rojo y amarillo, y los chavales que jugaban al fútbol a la sombra de la pantalla gigante han tenido que calmarse. Faltan dos horas para el inicio, el parque se va llenando y empieza el botellón. En el Casal de Gent Gran (el habitual hogar del jubilado), junto al parque, el aire acondicionado y los mayores, siempre bien arreglados, llevan ya un buen rato de fiesta, bailando sardanas típicas y sevillanas con toques sefardíes.
La llegada del autobús de España es recibida con aplausos... sobre todo cuando baja Lamine Yamal. En la explanada, unos quieren estar delante y de pie. Otros prefieren quedarse atrás pero con sillas plegables. Y cuando se encuentra el ángulo perfecto, aunque sea algo apartado, un trozo de césped bajo los plataneros permite ganar algo de frescor e improvisar un picnic. Las camisetas del Barça y de la selección son obligatorias. Se ven muchas de Lamine Yamal, por supuesto, pero Marc Cucurella, también originario de esta comarca del Maresme a la que pertenece Mataró, tiene muchos seguidores, igual que Pedri, Nico Williams, Ferran Torres y Martín Zubimendi. Un adolescente previsor y nada supersticioso incluso se ha adelantado: ¡ha venido con una réplica idéntica del trofeo!
Mundial 2026
La Copa del Mundo de 2026 terminó con el triunfo de España ante Argentina tras el gol de Ferran Torres en la prórroga. Un Mundial histórico, con 48 selecciones y 104 partidos, disputada en tres países y que acabó con el duelo entre el campeón de Europa y el de América.
Resultados de todos los partidos del Mundial | El camino de España a su segunda estrella | Los 26 campeones | Los premios individuales | Máximos goleadores históricos | Todo lo que debes saber del Mundial 2030
Una pantalla talismán
Entre bastidores, los medios internacionales buscan aficionados con camisetas de Lamine Yamal para sacarlos en sus cámaras. Suecos, estadounidenses, españoles, franceses... Son decenas de periodistas los que se apresuran a contar una noche que promete ser épica. La sala de prensa improvisada por el ayuntamiento de Mataró recuerda que, aunque se esperan 100.000 personas esa noche ante la pantalla gigante de Barcelona, es la capital del Maresme, esa zona costera al norte de Barcelona, la que este domingo es el corazón palpitante de una Cataluña que vibra con los colores de la Roja y, sobre todo, al ritmo de "la selección de Lamine Yamal", como bromea el alcalde local.
A medida que el sol se esconde, los aficionados se agrupan frente a la pantalla de 6x3 metros, una pantalla convertida en "un talismán", como recuerda la web del ayuntamiento de Mataró. "Hasta ahora, todas las grandes retransmisiones organizadas en el Parc Central han terminado con victoria de la Roja". La primera vez fue en la final de la Eurocopa 2024 ante Inglaterra, luego en la semifinal contra Francia cinco días antes. ¿No hay dos sin tres? La cantante que anima brevemente la noche con una canción dedicada a la Roja y a Lamine Yamal quiere creerlo. "Esta noche ganará España", lanza con su camiseta de Cucurella, lo que le vale algunas bromas del público, ya que el lateral ha fichado por el eterno rival de su club formador.
Mientras los últimos se pintan las mejillas con los colores de España, otros vuelven de la tienda local con bolsas llenas de bebidas, patatas y bocadillos: el ayuntamiento de Mataró no había organizado barra, pero los vecinos saben adaptarse perfectamente. Si la espera parece interminable para los jugadores en el túnel, lo es menos para una charanga improvisada, y bastante bebida, que intenta tocar el himno español con trompeta para animar a la multitud con su "Lololololo" al ritmo de la Marcha Real.

El himno estadounidense tiene mucho menos éxito una vez empieza la ceremonia protocolaria, y llueven los silbidos y abucheos hacia Donald Trump y su séquito. Lo mismo ocurre con el himno argentino, a pesar de que dos filas delante de nosotros hay una señora con la camiseta de la Albiceleste con el nombre de Lionel Messi. Ese nombre seguramente la salva de críticas más duras en un público totalmente entregado a la causa española y que ondea la bandera de España, sacada solo en ocasiones especiales.
Barceloneses más queridos que otros
Las dos primeras intervenciones de Lamine Yamal en apenas cinco minutos ilusionan a todo un pueblo dispuesto a vibrar con su estrella local, aunque el amor patriótico va mucho más allá de los rizos y la cinta con el nombre de Rocafonda que luce el número 19 español. Más allá de las onomatopeyas y los "uf" de decepción por ese disparo flojo de Mikel Oyarzabal o la alegría por la amarilla a Enzo Fernández, hay que esperar hasta el minuto 43 para ver a estos aficionados, en su mayoría muy jóvenes y con recuerdos lejanos del título de 2010, enloquecer con un disparo cruzado de Cucurella, cuyo nombre es coreado.

El 0-0 al descanso, tras 45 minutos bastante grises, no hace que nadie se vaya a casa. Es más, aunque se esperaban como máximo 5.000 personas, el Parc de Mataró supera sus límites y acoge a nuevos aficionados que ya no aguantaban en casa frente al televisor. El recuento final del ayuntamiento será de... más de 10.000 personas, el doble de la máxima prevista. El calor no afloja y da la razón a quienes lanzan botellas de agua a la multitud para refrescar a todos: placer de dar, alegría de recibir.
En cuanto al disfrute, los aficionados se encienden con un doble regate de Lamine Yamal en el centro del campo, provocando olas que hasta entonces no se habían visto. Cucurella reactiva la fiesta seis minutos después con un disparo que provoca los primeros "Sí se puede". El partido es tenso y cada falta argentina debería ser amarilla o roja, y el árbitro siempre se equivoca cuando manda seguir mientras un jugador español está en el suelo. La entrada de Pedri es recibida con "Pedri, Pedri, Pedri", al ritmo de los "Messi, Messi" que hace poco bajaban de las gradas del Camp Nou.

Para la ocasión, incluso se adapta otro cántico muy local: el "Madridista qui no boti" ("Quien no salte es madridista") se convierte en "Argentino qui no boti" ("Quien no salte es argentino"), cambiando al castellano para incluir a todos esos jóvenes de distintos orígenes que siguen la final del Mundial... ¡en catalán! Los otros grandes aplausos de la noche son para Mikel Merino, héroe goleador ante Portugal y luego ante Bélgica, Pau Cubarsí, otro jugador del Barça muy elogiado y... Unai Simón, cuyo paradón en el 90+2 se celebra como un gol, antes de que la grada estalle con la roja a Enzo Fernández.
La ciudad de Ferran Torres durante 120 minutos
Calificado de "tonto" y otros insultos para esa segunda amarilla tan evitable del centrocampista argentino, la expulsión de Enzo provoca sin querer el primer "Yo soy Español" de la noche, que se repite tras el gol anulado a Nico Williams. Los petardos, fuegos artificiales y bengalas ya habían estallado tras el remate del delantero vasco a puerta vacía, pero la supuesta falta de Merino sobre Dibu Martínez fastidia el jolgorio. Demasiado leve para un público que aún tenía arsenal pirotécnico por gastar.
La liberación llega en el 106 con un gol de Ferran Torres que hace literalmente explotar el Parc de Mataró, que ahora sí puede quemar todas sus bengalas rojas, mezcladas con la alegría, el sudor y sobre todo una camiseta del goleador alzada como trofeo por un chaval del barrio que apostó por el caballo ganador. "Esta es la ciudad de Lamine Yamal, pero esta noche Ferran Torres es nuestra estrella", grita a pleno pulmón el dueño de esa camiseta blanca con el '7'.

Tras cinco minutos de fuegos artificiales lanzados en medio de la multitud, petardos arrojados a los pocos huecos donde el cemento frente a la pantalla gigante no está pisoteado y bebidas de todo tipo volando sobre la gente y los periodistas, los habitantes de Mataró se divierten con "olé" en cada toque español, mientras Argentina sigue sin disparar ni una vez. Esa apatía no quita la tensión general cuando Giuliano Simeone falla ante Simón y luego Messi dispara y el portero de la Roja detiene el balón. Los "Sí se puede" se convierten en el himno local mientras esperan pacientemente a que Slavko Vincic libere por fin a la ciudad y a España entera.
La euforia espera hasta el minuto 125, con gritos que superan el volumen de una retransmisión ya de por sí alta. 16 años después, España vuelve a ser campeona del mundo y todos estos jóvenes de 20 años tendrán mucho que contar sobre esta segunda estrella, más que de la primera. En un ambiente digno de los fondos del Vélodrome, el Parc de Mataró se convierte en una nube gigante de humo rojo, teñido por las bengalas encendidas en cada rincón... y mucho más allá. Unos fuegos artificiales que parecen casi organizados para la ocasión arrancan desde la rotonda a 500 metros de allí.
¿Un nuevo santo para la Festa Major?
Lamine Yamal, que saluda a Trump de forma fugaz antes de reunirse con sus compañeros, sigue siendo el más aclamado por la afición. Aunque no es ese goleador blaugrana que entra en la historia tras Andrés Iniesta en 2010. El único consuelo para la aficionada argentina es que Messi sí ha encontrado el respeto de los aficionados, que casi sufren al ver cómo sus lágrimas se mezclan con la medalla de plata.
La entrega de medallas es también ocasión para nuevos abucheos al presidente estadounidense, que fuerza un poco para salir en la foto con Rodri. El trofeo lo levanta Rodri ante un Parc ya casi vacío: todos se han ido a recorrer Mataró en moto y coche, pero sobre todo con los cláxones, para recordar a quien quiera oírlo que España es campeona del mundo y que sí, en Cataluña también se apoya a la Roja. La ciudad de 130.000 habitantes va a vibrar casi toda la noche, aunque muchos empiezan a trabajar a las 9:00 de la mañana y se levantan aún más temprano para coger el Rodalìes, ese tren de cercanías tan odiado por los locales por sus retrasos y demás imprevistos.
La fiesta puede que dure aún más en Mataró: desde el viernes la ciudad celebra su Festa Major, la fiesta grande, que durará seis días y terminará con... una gran fiesta en el Parc Central. Todos aquí esperan ver a Lamine Yamal, que oficialmente no ha vuelto a pisar la ciudad en tres años, para celebrar este nuevo título mundial, el primero justo cuando acaba de cumplir 19 años, junto a él. En una ciudad que celebra "les Santes", "los santos" en catalán, Mataró seguro que tendría sitio para un San Lamine Yamal, que ya ha puesto a esta ciudad del Maresme en la cima de Europa y ahora también del mundo.
