Centro de datos del Pumas-América
No hay lugar más caliente en el mundo que el sur de la Ciudad de México cuando se juega un Pumas-América en Ciudad Universitaria. Y si ese contexto pasional que transforma en un manicomio a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se da en Liguilla, se puede dar por hecho que será una noche inolvidable; este domingo no sólo no fue la excepción, sino que quedó encumbrado como uno de los mejores partidos en la historia de este clásico capitalino.
Consciente de que una semifinal estaba en juego, tras una vibrante ida que dejó un empate a tres goles en el Estadio Azteca, los dos equipos le regalaron al fútbol mexicano un episodio para la posteridad: los Pumas con el pundonor, sacrificio e intensidad emanados desde la esencia de su entrenador y el América, su rival más odiado, con la estirpe de quien se sabe poderoso para luchar ante cualquier adversidad.
Un primer tiempo de locura
Con el mismo parado de la ida, con un esquema compacto que rompe a gran velocidad entre transiciones de defensa y ataque, Pumas jugó por su gente en el inicio del partido. Al minuto tres, tras un par de llegadas de gran peligro, el español Rubèn Duarte abrió el marcador con un remate en un tiro de esquina. Pero, lejos de dejarse consumir por el fervor de la grada, la anotación fue una invitación a seguir cazando a su presa.
Ese postura tuvo premio casi de inmediato cuando, en otro córner, Nathan Silva puso a la afición auriazul de cabeza con un 2-0 en 12 minutos de juego. Sin ganas de parar, oliendo la sangre del herido América, Jordan Carrillo confirmó su buen momento tras su gol y buen accionar de la ida con una gran jugada entre dos americanistas que lo dejó en el área frente a Rodolfo Cota. El sutil remate a primer palo puso un 3-0 al minuto 22, en honor a la pasión de su gente.
El 6-3 en el global, con la ventaja de la posición en la tabla regular, parecía un escenario contundente. Sin embargo, lo que para muchos equipos habría significado un partido catastrófico y demoledor, terminó siendo gasolina para la idiosincracia americanista, amante de de adversidades. Tan sólo 8 minutos después de la anotación de Carrillo, Patricio Salas entró com una bala en un cobro de tiro de esquina para poner un 3-1 que avivó a la decaída gente azulcrema y encumbró la narrativa de un partido inolvidable.
Desde ese punto, América infló el pecho y, con la grandeza curtida en su historia, inclinó la cancha con fervoroso pundonor. El empuje azulcrema dejó confundido al cuadro universitario, mientras intentaba proteger en bloque bajo la ventaja de dos goles. Esa postura provocó una mano clarísima en el área. El penalti anotado al 40' por Alejandro Zendejas puso un 3-2 conmovedor y a la arrogancia americanista al alza. Ese pundonor tuvo freno cuando la punta del pie derecho de Erick Sánchez fue suficiente para anular por fuera de lugar el empate a tres en el final de la primera parte.
Inolvidable y de ensueño
Como si el medio tiempo hubiera sido una molesta inconveniencia en su misión, América regresó al segundo tiempo con la misma intensidad pero ya con Henry Martín en el ataque. La presencia del 9 azulcrema, provocó que el cuadro universitario se agazapara más y, con cada centro, el nerviosismo empezó a instalarse en la gente auriazul. Oliendo ese temor, el cuadro se entregó a Alejandro Zendejas y a Brian Rodríguez, dos de las figuras más emblemáticas en el más reciente tricampeonato. Un centro brutal del uruguayo dejó sólo al estadounidense en el área chica para vencer de cabeza a Navas al 61'. El 6-6 en el global sofocó la enjundia universitaria del principio del partido.

A partir de entonces, el partido tomo tintes dramáticos dignos de la buena literatura. Con el cansancio físico y mental de manifiesto, los dos equipos se entregaron a lo que les quedaba en el tintero. Pumas al orgullo de su escudo a pesar de su poca profundidad en la banco, mientras que América se aferró a las piernas frescas de sus futbolistas de recambio y a su estrategia para meter pelotas al área. Una de esas provocó un penal dudoso al 83'. Martín, figura histórica del americanismo, estrelló la pelota el palo derecho de Navas. El fallo revivió a CU y provocó un final de alarido como hace mucho no se había visto en la casa de Pumas.
Los cinco minutos añadidos en el final del partido terminaron de confirmar la gran Liguilla que el fútbol mexicano está viviendo en este Clausura. Con las dos bancas al filo del área técnica, América puso dos pelotas al área, una de ellas casi se cuela en el ángulo y la otra dejó un tarjeta amarilla por un clavado de Nestor Araujo, que había ingresado para tratar de cazar una pelota perdida. El silbatazo final provocó grito de júbilo universitario. Pumas está en semifinales y se medirá ante Pachuca, tras una noche inolvidable y de ensueño.
