Centro de datos del Sporting-Junior
Sporting Cristal volvió a tropezar en el momento menos indicado. Y lo más preocupante para el equipo rimense no fue únicamente la derrota por 3-2 ante Junior en Cartagena, sino la sensación de que otra vez necesitó tocar fondo para recién reaccionar. Porque durante gran parte del primer tiempo, el cuadro celeste fue un equipo desordenado, vulnerable y demasiado frágil para competir en una Libertadores donde los errores se pagan caro. Cuando quiso despertar, ya perdía 3-0.
El partido era una enorme oportunidad para Cristal. Junior llegaba último en el grupo y sin triunfos en el torneo, mientras que los dirigidos por Zé Ricardo sabían que un buen resultado podía acercarlos seriamente a los octavos de final. Sin embargo, todo el plan se derrumbó demasiado rápido. El equipo peruano entró desconectado, perdió casi todos los duelos individuales y dejó espacios enormes cada vez que el rival aceleró por las bandas.
Luis Muriel fue el encargado de castigar esa pasividad defensiva. Primero aprovechó una jugada revisada por el VAR para abrir el marcador y después lideró un vendaval ofensivo que expuso todas las carencias de Cristal para defender en transición. Kevin Pérez marcó el segundo con demasiada comodidad y el propio Muriel firmó el tercero antes de los 40 minutos, ante una defensa celeste completamente partida. Cada ataque colombiano parecía terminar en situación de gol y Diego Enríquez, pese a recibir tres tantos, terminó siendo uno de los pocos futbolistas que evitó una goleada mucho más amplia.
Ahí apareció el principal problema de Sporting Cristal en esta Copa Libertadores: su incapacidad para sostener competitividad durante 90 minutos. Porque el equipo puede tener momentos interesantes con la pelota, jugadores técnicamente valiosos y una propuesta ofensiva atractiva, pero defensivamente sigue transmitiendo inseguridad. Los laterales sufrieron constantemente, los centrales quedaron expuestos y el mediocampo nunca logró equilibrar el partido cuando Junior encontró espacios para correr.
Cristal ya no depende de sí mismo
Y aun así, cuando parecía liquidado, Cristal reaccionó. El descuento de Yoshimar Yotún antes del descanso cambió el ánimo del partido y también la actitud del equipo. El capitán apareció cuando más lo necesitaban, con personalidad para asumir la pelota y con jerarquía para sostener a un grupo que estaba emocionalmente golpeado. Desde ahí, Cristal jugó probablemente sus mejores minutos de la noche. Zé Ricardo movió el banquillo, adelantó líneas y el ingreso de variantes ofensivas le dio otro ritmo al equipo.
El segundo gol llegó gracias a Gustavo Cazonatti, que aprovechó un rebote dentro del área y alimentó la ilusión de una remontada que por momentos parecía posible. Junior dejó de atacar con la agresividad del primer tiempo y empezó a defender demasiado cerca de su arco. Cristal, impulsado por el resultado y por la obligación, comenzó a empujar cada vez con más gente. Ahí aparecieron ocasiones clarísimas que terminaron profundizando la frustración rimense.

La más clara la tuvo Martín Cauteruccio Vizeu, que falló increíblemente dentro del área cuando el empate parecía inevitable. También hubo aproximaciones de Rodríguez y algunas pelotas detenidas que inquietaron al cuadro cafetero, pero el equipo peruano nunca encontró la precisión necesaria para completar la remontada. Los siete minutos de descuento terminaron siendo más ansiedad que fútbol.
Y esa sensación resume bastante bien lo que hoy es Sporting Cristal: un equipo que tiene argumentos para competir, pero que todavía no logra controlar emocionalmente los partidos importantes. Cuando ataca, puede lastimar a cualquiera. El problema es todo lo que ocurre cuando pierde el balón. Junior lo entendió rápido y castigó cada desorden defensivo con una contundencia brutal.
La derrota deja a Cristal obligado a jugarse la clasificación en la última fecha del grupo. Todavía tiene opciones matemáticas, pero ya no depende únicamente de sí mismo y necesitará un partido perfecto para seguir vivo en la Libertadores.
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