José Mourinho regresa este miércoles al Santiago Bernabéu, pero no se podrá dar el baño de masas que quizá se esperaba. Su expulsión en el partido de ida emborrona un reencuentro que prometía ser especialmente emotivo.
El luso sentó las bases del Real Madrid campeonísimo, reactivó el gen competitivo y acabó con un incipiente sentimiento de inferioridad ante un Barcelona que lo arrasaba todo. Con muchas luces y otras tantas sombras, combatió el relato de buenos y malos y no le importó convertirse en el 'coco' para concentrar los odios y los titulares.
De aquel José sigue quedando la esencia, aunque el personaje se ha vuelto más afable y menos gruñón. Es cierto que no refleja eso su bronca en Lisboa dentro del contexto del lamentable episodio entre Prestianni y Vinicius, pero a su paso por Tottenham o Roma se ha ido dejando ver públicamente un Mourinho más padre y menos dictador. Esta vez no asomará por la zona técnica ni habrá abrazo con su pupilo Álvaro Arbeloa, con el que lleva un mes intercambiando elogios desde su primer cruce en la última jornada de la Fase Liga. Su momento de recibir el calor del madridismo será cuando por megafonía se le nombre como entrenador del Benfica.
En primera fila tras ser expulsado ante el Murcia
Mientras, el de Setúbal estará sentado en un palco. Una de las últimas veces en las que José Mourinho estuvo sancionado en un partido en el Santiago Bernabéu tuvo una vista más privilegiada. Recordarán aquella imagen de Mourinho, cuando el 10 de noviembre de 2010 fue expulsado en un partido de Copa del Rey frente al Murcia por insultar al árbitro José Luis Paradas Romero. Tras salir por la bocana de vestuarios, el técnico 'merengue' recorrió el estadio para salir al graderío y ubicarse en la fila 1, en la butaca que hacía esquina con su propio banquillo.
Pese a la polémica, aquella triquiñuela le funcionó y durante los dos siguientes partidos que duró la sanción repitió. Gabriel Ruiz Almansa, entonces socio número 16.603 del Real Madrid, aceptó cederle su localidad a Mourinho para que pudiera seguir los encuentros como si estuviera en la misma banca. El club le ofreció el palco de honor, pero prefirió poder levantarse él mismo a dar instrucciones a los futbolistas y hablar con sus ayudantes Aitor Karanka y Rui Faria, quienes dirigieron oficialmente al conjunto blanco ante Murcia y Athletic Club. De por medio sí que le tocó estar en la zona alta del Molinón frente al Sporting de Gijón. Fue la misma semana en la que Manolo Preciado le llamó "canalla".
Hoy por hoy, la situación habría sido bien distinta. El Código Disciplinario de la RFEF establece que un entrenador o miembro de un cuerpo técnico expulsado debe abandonar el área técnica y dirigirse a vestuarios. Y cuando cumpla sanción, se le prohíbe acceder de cualquier forma al propio vestidor y al terreno de juego, pero también se añade específicamente que "cuando la suspensión recaiga sobre un técnico, esta implicará, además de las prohibiciones antedichas, la de situarse en las inmediaciones del banquillo y la de dar instrucciones de cualquier índole y por cualquier medio a los que participen en el encuentro". Es decir, que el asiento contiguo a la banca está expresamente prohibido.
En sus dos últimas visitas al Bernabéu, uno de los dos fue campeón
En Europa, la situación es la misma. Aunque hubiese otro alma caritativa que quisiera que José Mourinho estuviera junto al terreno de juego en su reencuentro con el Madrid, tampoco podría. Quizá con unos años menos se habría ingeniado otra triquiñuela de las suyas.
Como cuando en 2005 se saltó la sanción de la UEFA para dar una charla en el vestuario del Chelsea y se coló dentro de un carro de la ropa sucia. "El personal de la UEFA me estaba buscando desesperadamente, así que me cerraron la tapa y no podía respirar. Me estaba muriendo", recordaba años atrás entre risas en la televisión portuguesa.
Como rival, esta será la tercera vez que el técnico luso visite el Bernabéu. Lo hizo hace más de 20 años como entrenador del Oporto. La primera fue el 19 de febrero del 2002, en la antigua segunda fase de grupos. Aquel día perdería por 1-0 contra el Madrid de Vicente del Bosque, que se impuso con un gol de Santiago Solari y meses después levantó la 'Novena'.
Casi dos años después, el 9 de diciembre del 2003, los 'Dragones' lograron un empate ante el equipo de Queiroz en la liguilla. Anotó de nuevo Solari y Derlei empató de penalti. Y ese Oporto, también meses después, se proclamaría campeón.
