OPINIÓN | ¿Quieres impulso? Mejor un anuncio: el sentido de las pausas de “hidratación”

¿Es una pausa para refrescarse o una pausa comercial?
¿Es una pausa para refrescarse o una pausa comercial?Reuters

La FIFA insiste en que las nuevas pausas obligatorias para beber agua buscan proteger a los jugadores del calor estadounidense. Pero si analizas cuándo se producen, quién se beneficia y lo que normalizan silenciosamente, el argumento empieza a desvanecerse.

Alrededor del minuto 22 de cada parte en este Mundial, todos reciben la orden de parar y beber agua. Tres minutos, una vez por cada tiempo, en todos los partidos, sin excepción.

La FIFA lo ha impuesto, señalando el calor y la humedad en Estados Unidos, y envolviendo todo en el discurso del bienestar del jugador. Es difícil discutir el bienestar de los futbolistas, así que no lo haremos. Pero sí deberíamos cuestionar todo lo que rodea a esta medida.

El primer problema es que las pausas son obligatorias, independientemente de las condiciones reales. México jugó a unos cómodos 20 grados y aun así tuvo que irse a la pausa. Otro partido se disputó a 16 grados, y ni hablar de los encuentros que se juegan en un estadio con techo y aire acondicionado funcionando.

Si realmente se tratara de la temperatura, se fijaría un umbral (quizá 25 grados o más) y solo se aplicaría la pausa cuando se superara. Pero esa norma no existe. Una medida de bienestar que ignora el clima no es realmente una medida de bienestar.

Si dejamos de lado lo absurdo de esto, hay que detenerse en un punto más importante: lo que estas pausas provocan en el propio fútbol, y es que matan el ritmo.

El fútbol es uno de los deportes con mayor fluidez del mundo. El impulso crece. Un equipo domina, encierra al rival, se siente que el gol está cerca… Y de repente suena el silbato y todos tienen que ir a por una botella durante unos minutos. El equipo que está siendo presionado recibe un “descanso” gratis para reagruparse.

Eso lo vimos con Corea del Sur frente a República Checa. Los checos estaban apretando, llegó la pausa y el partido se apagó. Curazao empató de forma sensacional ante Alemania, pero en vez de aprovechar ese momento y meter más presión a los europeos, casi de inmediato tuvieron que pasar por una pausa de hidratación que cortó cualquier atisbo de impulso.

No digo que Curazao tuviera a Die Mannschaft contra las cuerdas —el partido terminó 7-1 para los alemanes por muchas razones—, pero ves el patrón, ¿verdad?

Por supuesto, como cualquier novedad o cambio en el reglamento, los equipos acabarán aprendiendo a usarlo. Si vas sufriendo, puedes ralentizar el juego, dejar pasar el tiempo hasta que el árbitro señale la pausa.

Un pequeño aspecto positivo es que los entrenadores pueden hablar con sus jugadores durante esta pausa, lo que quizá elimine todos esos calambres misteriosos que sufren los porteros cuando el míster quiere dar alguna indicación táctica.

Sería irónico, sin embargo, que la pérdida de tiempo se frenara con una detención total del juego, como ocurre en la NBA o la NHL. Pongo estos dos ejemplos porque las nuevas pausas de hidratación parecen entendidas por todos como un paso hacia la “americanización” del fútbol. Divide el partido en cuatro cuartos en vez de dos tiempos; de forma silenciosa y no oficial, pero efectiva.

Y, por supuesto, utiliza algo que la NHL (y el hockey sobre hielo en todo el mundo) ya llama sin rodeos "pausa comercial".

Eso es lo que más detestan los aficionados que ven el partido en casa. Lo que se anuncia como una medida para proteger la seguridad de los jugadores se utiliza para exprimir al máximo los ingresos del torneo. Sin llamarlo oficialmente "pausa comercial", muchos canales lo han usado así porque les encanta tener una interrupción garantizada. Fox en EE. UU. incluso volvió de los anuncios directamente a la acción en vivo que ya se había perdido.

Como lo describió un usuario en Reddit: Es solo un anuncio con una botella de agua delante.

Para quienes están en el estadio, los tres minutos pueden pasar volando como un momento para mirar el móvil o ir a por algo de beber (aunque difícilmente volverás a tu asiento a tiempo); para quienes ven el partido en casa, el ritmo se rompe y se monetiza sin piedad.

La verdadera preocupación no es solo el Mundial, sino el precedente que deja. Si el bienestar de los jugadores en altas temperaturas es la razón oficial, perfecto. Pero si acabamos teniendo pausas así a mitad de cada tiempo siempre, solo porque ese espacio extra para anuncios deja más dinero a los organizadores, entonces sí hay un problema.

Quizá esté siendo cínico y pesimista, pero todo esto parece menos una respuesta al calor y más una prueba para generar ingresos.

El genio ya ha salido de la botella. Solo que esta vez es una botella de agua.