Hay historias que comienzan en estadios repletos y otras que nacen en carreteras interminables. La de Sebastián Beccacece pertenece al segundo grupo. Tres días sentado en un autobús para cruzar media Sudamérica parecen una exageración hasta que uno descubre que ocurrió de verdad. Tenía 22 años, pocas certezas y una obsesión: trabajar en el fútbol. El destino era Tacna. El premio, una oportunidad en Bolognesi.
Más de dos décadas después, aquel joven argentino dirige a Ecuador en un Mundial. A varios miles de kilómetros, otro entrenador con pasado peruano también compite entre los mejores. Néstor Lorenzo, técnico de Colombia, encontró en Arequipa el lugar donde dejó de ser únicamente el exasistente de José Pekerman para convertirse en protagonista de su propia historia.
El Mundial 2026 reúne a selecciones poderosas, figuras globales y entrenadores de prestigio. Pero entre ellos hay dos que conservan una conexión especial con el Perú.
El muchacho que llegó después de tres días de viaje
Cuando Beccacece recuerda sus inicios suele hablar de sacrificio. No como una frase hecha, sino como una experiencia literal.
A comienzos de los años 90 emprendió un viaje de tres días en bus desde Argentina para llegar a Tacna. No era una aventura turística ni una apuesta económica. Era la búsqueda de un espacio en el fútbol. En Perú encontró esa posibilidad.
Su primera experiencia importante fue en Bolognesi, donde empezó a construir una reputación como entrenador meticuloso y apasionado. Más adelante aparecería Sporting Cristal, un club fundamental en su carrera porque allí fortaleció la sociedad profesional con Jorge Sampaoli.
Los entrenamientos interminables, el análisis obsesivo de los rivales y la intensidad que hoy exhibe en la zona técnica tuvieron parte de su origen en aquellos años. Mientras otros técnicos construían currículum en centros de alto rendimiento, Beccacece aprendía recorriendo ciudades peruanas, adaptándose a diferentes contextos y absorbiendo experiencias.
Nada de eso parecía anunciar que terminaría dirigiendo en mundiales. Sin embargo, cada paso fue acercándolo a ese escenario. Primero llegaron las selecciones juveniles argentinas, luego los clubes grandes, más tarde la selección chilena y finalmente Ecuador.
Hoy sigue siendo reconocible. Corre, protesta, corrige posiciones y vive cada partido como si todavía fuera aquel asistente que intentaba abrirse camino en Sudamérica. La diferencia es que ahora lo hace en la máxima competencia del planeta.
El mundialista que encontró hogar en Arequipa
La historia de Néstor Lorenzo es distinta, aunque también tiene una fuerte escala peruana.
Antes de ser entrenador mundialista fue futbolista de élite. Integró la selección argentina que alcanzó la final de Italia 90 junto a Diego Maradona y trabajó durante años al lado de José Pekerman. Su nombre estaba asociado al rol de asistente, al hombre que observaba desde un segundo plano. Eso cambió cuando llegó a Melgar.
Arequipa le ofreció algo que pocos clubes pueden brindar: la oportunidad de construir una identidad propia. Lorenzo asumió el reto y terminó protagonizando una de las campañas internacionales más recordadas del fútbol peruano reciente.
Bajo su conducción, Melgar alcanzó las semifinales de la Copa Sudamericana 2022 y estuvo muy cerca de disputar una final continental. El equipo competía con personalidad, orden táctico y una convicción poco habitual frente a rivales de mayor presupuesto.
Aquella campaña transformó la percepción que existía sobre Lorenzo. Ya no era solamente el colaborador de Pekerman. Era un entrenador capaz de liderar proyectos exitosos.
Su estilo contrastaba con el de Beccacece. Mientras el técnico ecuatoriano transmite energía permanente, Lorenzo dirige desde la serenidad. Habla poco, observa mucho y suele resolver los problemas con calma. Pero detrás de esa tranquilidad existe una obsesión por los detalles que heredó de Carlos Bilardo, el entrenador que lo llevó al Mundial de Italia 90.
En Arequipa desarrolló muchas de las ideas que hoy aplica en Colombia. Varias de sus rutinas, costumbres y hasta algunas cábalas nacieron durante aquellos años rojinegros.
Un pedazo de Perú en la cita más grande
El Mundial suele contar historias de países, selecciones y estrellas. Pero también es un escaparate de trayectorias personales.
Beccacece y Lorenzo representan dos caminos diferentes que terminaron cruzándose en el mismo destino. Uno llegó al Perú persiguiendo una oportunidad cuando apenas comenzaba su carrera. El otro encontró el lugar donde terminó de consolidarse como entrenador principal.
Hoy Ecuador y Colombia aparecen como selecciones competitivas, ordenadas y con aspiraciones importantes en el torneo. Sus técnicos reciben elogios por el trabajo realizado y forman parte de la élite mundial.
Sin embargo, detrás de cada indicación desde la zona técnica, detrás de cada victoria y cada clasificación, existe una huella peruana difícil de borrar.
Porque mucho antes de escuchar himnos mundialistas, uno recorrió tres días en bus para llegar a Tacna y el otro se convirtió en ídolo silencioso de Arequipa. Y quizá por eso, cuando Beccacece y Lorenzo aparecen en las pantallas del Mundial 2026, también cuentan una pequeña historia del fútbol peruano.
