Lágrimas y la sensación de una sinfonía inconclusa tras un Mundial lleno de tensión y pasión para Argentina. Los dos Lioneles, Scaloni y Messi, han terminado emocionados tras la derrota 0-1 ante España.
Un partido en el que los sudamericanos renunciaron a su propio juego y se centraron casi por completo en incomodar al rival. Al final, lo han pagado caro.
Las expectativas estaban por las nubes, quizá demasiado altas. Y de hecho, tras un Mundial en el que han sufrido ante Cabo Verde, Egipto y Suiza, los argentinos solo han logrado una actuación realmente convincente en la remontada ante Inglaterra, cuando estaban contra las cuerdas.
Pocas ideas en el juego y solo la garra como principio, además de la clara decisión de depender únicamente de los hombros de Messi, que tácticamente les obligaba a correr el doble por él.

Después de Messi
La gran pregunta que circula en las oficinas de Ezeiza, sede de la Asociación del Fútbol Argentino, es qué pasará tras la posible retirada de Messi. Durante los últimos 20 años, el exjugador del Barcelona no solo ha sido un fijo en las convocatorias, sino también el futbolista en torno al cual se ha construido el proyecto táctico e incluso humano.
Porque junto a su excelencia en el campo, también existía una fragilidad emocional, que se ha gestionado con la ayuda de compañeros y entrenadores.
No es casualidad que el punto de inflexión llegara con la llegada de Scaloni al banquillo, quien desde el principio lo trató como a un hermano mayor. Compañero en la selección que disputó el Mundial 2006, el exjugador de Lazio y Atalanta se convirtió en un referente casi por casualidad, pero no ha logrado encontrar alternativas tácticas de peso tras la salida de Angel Di Maria, el verdadero socio de Messi.
Ahora habrá que ver cómo se arma la nueva Argentina, que quizá necesite tiempo para encontrar su equilibrio y ser realmente eficaz, además de al menos algo atractiva para el espectador.
Hoy por hoy, no hay otro Messi, y el único futbolista que podría reemplazarlo tácticamente es un Nico Paz que, con 22 años, aún debe estrenarse en la Champions League y vestir la camiseta de un club de primer nivel.
Nueva motivación
La única certeza en la mente de Claudio Tapia, actualmente responsable de todas las decisiones que rodean al fútbol argentino, es que hay que encontrar una nueva motivación. La Albiceleste ha llegado al final de un ciclo extraordinario que incluyó dos Copas América y un Mundial en cinco años naturales, y la imagen de Messi frustrado con su querida selección se ha hecho evidente.
Esa frustración se vio cuando el capitán argentino pidió la expulsión de Marc Cucurella en la final, levantando el brazo como un niño al que le han hecho una injusticia en el colegio. No ha sido un final digno para un campeón que durante 20 años ha sido noticia por sus récords y genialidades. Sobre todo, ahora que Scaloni ha dejado entrever que podría marcharse, habrá que buscar un nuevo hombre para el banquillo.

Muchos reclaman la llegada de Diego Simeone, un técnico de primer nivel que podría estar listo para asumir el reto de su país. Por ahora, sin embargo, queda la certeza de que la Argentina de Scaloni ha sido la más fuerte de la historia en cuanto a resultados logrados.
Pasarán a la historia, a pesar de un último Mundial en el que su comportamiento no ha parecido digno de campeones vigentes. Que, por obra del karma infalible, han caído por la mínima y nunca han ofrecido realmente algo nuevo.
