Francia-Marruecos: un “siglo breve” de lazos políticos y fracturas sociales

Capitanes y hermanos: Kylian Mbappé ayuda a Achraf Hakimi a levantarse tras la derrota de Marruecos ante Francia en Qatar
Capitanes y hermanos: Kylian Mbappé ayuda a Achraf Hakimi a levantarse tras la derrota de Marruecos ante Francia en QatarGABRIEL BOUYS / AFP

Mientras en Boston se enfrentan dos de las ocho mejores selecciones del mundo en el partido de cuartos de final más igualado, en Francia miles de agentes vigilarán París y las principales ciudades para evitar lo inevitable. Y es que, aunque los gobiernos han intentado una reconciliación, las dos sociedades parecen más distantes que nunca.

Las sirenas y las vallas llegan antes del pitido inicial. En París (y no solo en París), en las horas previas al Francia-Marruecos, las pantallas gigantes en las plazas se vuelven a encender bajo la atenta mirada de miles de agentes. En Boston, en cambio y por suerte, la espera tiene el rostro sonriente de familias que ondean banderas francesas y marroquíes, a veces juntas.

Es la paradoja de un cuarto de final que vale casi como una final: la Francia de Mbappé, Dembélé y Olise frente a la Marruecos de Achraf Hakimi, Brahim y Saibari, este último una de las grandes revelaciones del torneo. Dos equipos que ya no se enfrentan como favorito contra revelación, sino de igual a igual, dos referentes del fútbol actual.

Del protectorado a los acuerdos millonarios

Sin embargo, detrás del duelo deportivo, hay una historia mucho más larga que no pretendemos contar en detalle aquí —no es el lugar—, pero que podemos intentar recordar juntos. Empezando por los años del protectorado francés sobre Marruecos, que terminó en 1956 y dejó una herencia profunda, hecha de lengua, intercambios y migraciones.

Hoy en día, casi un millón de marroquíes vive en Francia y, al mismo tiempo, decenas de miles de franceses han elegido residir en Marruecos. Durante décadas, la relación pareció natural: Francia era el primer horizonte cultural y económico, el francés la lengua del ascenso social.

Fútbol sin fronteras: banderas de Francia y Marruecos en Hebrón, Palestina
Fútbol sin fronteras: banderas de Francia y Marruecos en Hebrón, PalestinaHAZEM BADER / AFP

En los últimos años, sin embargo, la relación entre ambos países ha atravesado momentos de crisis: el acercamiento de París a Argel, el caso Pegasus, las restricciones de visados y los malentendidos tras el terremoto de la 2023 han alimentado desconfianzas mutuas.

El giro llegó en la 2024, con el apoyo francés al plan marroquí para el Sáhara Occidental y con la visita de Estado de Emmanuel Macron a Rabat, a la que siguieron los habituales acuerdos millonarios para grandes proyectos de infraestructuras que sellaron una reconciliación que parecía lejana.

La política alejada de la realidad

Pero la política, sobre todo cuando acaba arrastrada por un torrente de dinero, avanza mucho más rápido que la sociedad. En Marruecos, de hecho, muchos jóvenes miran ya más al inglés que al francés: es la lengua de las universidades internacionales, de la tecnología y de las redes sociales, que a menudo se consideran el vehículo más importante hacia el futuro.

No se trata de un rechazo a Francia, sino más bien del deseo de no depender más de la antigua potencia colonial. 

En la misma línea divisoria está el auge, en Francia, de los discursos identitarios y antiinmigración que, en los últimos años, ha convertido a la diáspora norteafricana en general, y a la marroquí en particular, en uno de los blancos más frecuentes del debate público.

La inevitable y deseada contaminación cultural

Una aficionada de Marruecos
Una aficionada de MarruecosREUTERS/Brian Snyder

Sin embargo, la realidad que muestra este Mundial, y que tiene en este partido un ejemplo claro, es que tu lugar de nacimiento o el de tus padres nunca puede ser un problema, sino un recurso.

Muchos jugadores franceses tienen orígenes norteafricanos y, del mismo modo, muchos marroquíes han nacido y crecido en Europa, algunos incluso en Francia. Por eso ha llegado el momento de dejar atrás la idea de que un posible triunfo de Marruecos en el campo —a diferencia de lo que ocurrió hace cuatro años en Qatar— pueda seguir viéndose solo como una simple revancha de la excolonia sobre el colonizador. 

La verdad es otra y nos habla de un mundo en el que, hoy en día, las identidades, igual que las sociedades, son múltiples, móviles y, citando a Zygmunt Bauman, líquidas. 

El fútbol y ese vacío por llenar

Aun así, las tensiones tienden a no desaparecer: permanecen en los miedos, en los comentarios en redes sociales, en la necesidad —lamentablemente real— de desplegar 5.000 agentes para un partido que se juega al otro lado del mundo.

Cuando el árbitro dé inicio al partido en Boston, durante 90 minutos nos centraremos en las hazañas deportivas, con el balón en los pies, de dos de las mejores ocho selecciones del mundo. 

El significado de Francia-Marruecos, sin embargo, irá mucho más allá del resultado y las fuerzas de seguridad movilizadas intentarán evitar lo inevitable, confirmando que, como nunca antes, París y Rabat están cerca en los despachos del poder, pero distantes en el imaginario de una parte importante de sus sociedades.

Una distancia que el fútbol aspira a reducir, pero que, a su pesar, acabará por acentuar porque los cinco mil agentes en la calle confirman el fracaso, a nivel social, de la política. Dicho esto, cuando termine el partido, cada uno será responsable de sus propios actos. Pero no los llamen hinchas.

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