Ferran Torres ha aterrizado con buen pie en el Paris Saint-Germain. Rodeado de estrellas y obligado inicialmente a asumir un papel secundario, el español ha sabido aprovechar sus oportunidades durante el comienzo de la temporada. Su energía y su capacidad para intervenir en distintas posiciones le han permitido convertirse rápidamente en una alternativa fiable para el cuerpo técnico.
La competencia no podía ser mayor. El PSG cuenta con un frente ofensivo formado por Ousmane Dembélé y Khvicha Kvaratskhelia, además de un Bradley Barcola que también reclama protagonismo. Ferran, sin embargo, ha encontrado su espacio gracias a una virtud que siempre lo ha acompañado: la facilidad para aparecer en zonas de remate sin necesidad de monopolizar el balón.

Su entrada desde el banquillo le ha dado un impulso especial al equipo en varios encuentros. Cuando los rivales comienzan a dejar espacios, el español ofrece desmarques profundos, agresividad para atacar el área y una presión constante sobre la salida contraria. No necesita demasiados contactos para generar peligro y se adapta bien a un PSG que acumula futbolistas capaces de encontrar el último pase.
Su comienzo de curso invita a pensar que no será únicamente una pieza de rotación. Aunque todavía parte por detrás de los grandes nombres de la plantilla, su aportación está reduciendo las distancias. En un calendario cargado de compromisos, el PSG necesita una segunda unidad capaz de mantener el nivel, y Ferran está demostrando que puede hacer mucho más que reservar fuerzas para los titulares.
