Nueve puntos, ocho goles a favor. Ese es el balance de una Argentina que, en un grupo de clasificación que sobre el papel no era especialmente exigente, ha reafirmado su condición de favorita al Mundial 2026. Con un Lionel Messi jugando "en casa" y representando a la MLS, el estatus de gran candidata se ha reforzado aún más tras conocerse los emparejamientos para la fase eliminatoria.
El cruce de 1/16 de final ante Cabo Verde parece, sobre el papel, más que asequible, ya que se trata además de una selección sin individualidades capaces de marcar la diferencia y que ha llegado tras empatar sus tres partidos. Más allá de la enorme diferencia en el ranking FIFA, con los sudamericanos en el primer puesto y los africanos en el 67, los valores sobre el campo están totalmente descompensados entre los campeones vigentes y una selección que ha llegado a Estados Unidos gracias al aumento de plazas de la AFCON.
Espacio y tiempo
Lo que se presenta, a priori antes del duelo contra Cabo Verde, es una cómoda autopista recién asfaltada para los campeones del mundo. Dando prácticamente por hecho el pase de ronda tras lo visto en los tres primeros partidos —donde el nivel de juego ha sido convincente— la selección dirigida por Lionel Scaloni debería enfrentarse en octavos a Australia o Egipto.
En cuartos, el rival más complicado sería Colombia o quizá Suiza, que cuenta con una estructura más sólida. El hecho de que Portugal no haya ganado su grupo ha privado al Mundial de un esperado duelo en cuartos de final entre Cristiano Ronaldo y el propio Messi, que en los últimos años ha marcado diferencias en el pulso a distancia entre ambos en cuanto a rendimiento.

Pero no sólo el destino sonríe a los sudamericanos. Los argentinos contarán con dos días más de descanso con respecto, por ejemplo, a Inglaterra, que tras vencer a Panamá en la noche del sábado al domingo, se medirá a la República Democrática del Congo el miércoles a las 18:00. Mientras la Albiceleste se imponía a la Jordania por 3-1, disputará su partido de octavos ante Cabo Verde dos días y cinco horas más tarde.
¿Pruebas poco exigentes?
Por tanto, de inicio resulta realmente complicado no pensar que los campeones del mundo puedan aprovechar el viento a favor, ya rápido y propicio, para llegar en las mejores condiciones a semifinales, donde además de los británicos los rivales potencialmente más peligrosos serían los de Brasil. El equipo de Carlo Ancelotti, sin embargo, todavía no ha demostrado ser una verdadera candidata. Además, primero debe superar a Japón, un rival incómodo tras haber ganado su grupo.
Las circunstancias para una nueva marcha triunfal de la Albiceleste hacia la final, y la segunda copa consecutiva, están todas presentes. El destino parece estar de su lado. El único aspecto que podría desequilibrar la balanza es la falta de verdaderas pruebas de nivel. Aunque cierta debilidad de algunos rivales permite una mejor gestión de los recursos, especialmente de un Messi que acaba de cumplir 39 años pero que sigue siendo decisivo en el área como cuando tenía 25.
Evitar a Francia y España, los rivales más potentes a largo plazo, antes de una hipotética final, es sin duda una ventaja para el impulso hacia el título. El camino hacia la final de Nueva Jersey, por ahora, parece llano y fluido. El único obstáculo, paradójicamente, podría ser el exceso de confianza tras haberse medido a selecciones menores y poco exigentes. Al final de un recorrido casi sin sobresaltos, la cabeza contará más que los pulmones y las piernas.
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