Durante el final de la jornada del lunes 5 de enero en el Dakar, el campamento de Al-Ula fue testigo de un conato de rebelión por el descontento de los pilotos de la categoría Ultimate no prioritarios (los que suelen clasificar entre el 25 y el 50) con su orden de salida en las etapas.
Las protestas ante Jerome Roussel director de Cross Country de la FIA llegaron porque un hombre como Isidre Esteve, que terminó la primera etapa el 29º, acabó saliendo en la siguiente desde el puesto 66, rodeado de una nube de polvo dejada por coches más lentos que el suyo, y así muchos más casos.
"Tengo que ser correcto al hablar ahora con vosotros... pero hay cosas que no pueden ser y esta es una de ellas. No puedes terminar el 25 y salir el 70 porque entonces piensas ¿para qué corro?", dijo el español en su declaración, según el diario Marca, allí presente.
"Salen delante de nosotros 40 pilotos más lentos. ¿Resultado? Todo el rato en el polvo, no veíamos la pista... Superpeligroso ¿Seguridad? Ni seguridad ni leches. Aquí la seguridad no existe", aseveró Esteve.
Y mandó un mensaje al resto de competidores: "Aquí tendrían que estar todos los pilotos de la categoría Ultimate y no sólo los damnificados. Quien no se siente perjudicado cree que no va con él, pero es que mañana les puede pasar a ellos. Es un problema de todos", sentenció.
Cambios insuficientes
La FIA intentó ajustar las salidas antes de esta reunión, pero las medidas no convencieron del todo, tal y como transmitió Jesús Calleja: "Hay cosas que no se pueden hacer, como que un coche que acabe el 110 ayer le pongan el treinta y pico hoy. Además un coche que no tiene las condiciones del mío o del de Isidre que son auténticas bestias que corren y pueden con todo y nos hacen salir detrás de tortugas", dijo al medio citado más arriba.
Terminó mostrando su insatisfacción por acabar el 41º el domingo y tomar la salida el 85º el lunes: "Hemos vivido dentro de una nube de polvo de 400 kilómetros. Esto no es correr el Dakar, es vivir en una oscuridad", indicó.
