Centro de estadísticas del España-Georgia
Un segundo cuarto excepcional, mostrando que la nueva Familia puede defender, rebotear y correr, fue suficiente para dar la vuelta a la tortilla en un partido que arrancó de manera extraña y negativa para los de Chus Mateo, siempre por detrás en el electrónico por permitir demasiadas canastas en su zona y preocupados por la lesión de su compañero Osobor. Una pequeña reacción en la recta final permitió minimizar una diferencia que había alcanzado el -10 para quedarse en el 19-22 al final de los 10 primeros minutos.

Pero el toque de atención del seleccionador lo cambió todo. Se pusieron manos a la obra para defender e impedir que los Shermadini y Shengelia camparan a sus anchas. También ayudó la caldera del Santiago Martín, con un ambiente excepcional, como acostumbra. Y el esfuerzo y cambio de chip, la intensidad defensiva, el dominio reboteador y las canastas fáciles producto de buenos contragolpes surtió un efecto extraordinario con un parcial de 28-11, incluido un 14-0, que hizo abrir el primer hueco importante (47-33, min. 20).
Era un tesoro que no se podía perder. Como la dinámica y las buenas sensaciones. Vamos, que había que seguir como en esos minutos antes del descanso para evitar la reacción georgiana. Lo entendieron a la perfección los españoles, que llegaron a ganar de 25 con un juego por momentos espectacular y consiguieron entrar en el último cuarto con un inabordable 70-46.
Estaba claro que el triunfo no se iba a escapar y que la única incógnita era conocer por cuántos puntos ganaría España, que también es importante el average en esta primera fase. Al final, +29 tras el 90-61.
