Recientemente, Oscar se había sometido a una cirugía que le impidió asistir al homenaje realizado por el Comité Olímpico Brasileño (COB), el pasado 8 de abril, durante la ceremonia del Hall de la Fama de la entidad.
En esa ocasión, fue representado por su hijo, Felipe Schmidt, quien prefirió no dar detalles sobre el procedimiento.
En 2011, el exjugador vivió uno de los momentos más difíciles de su carrera al ser diagnosticado con un tumor cerebral. Aunque logró superar la enfermedad en ese momento, desde entonces ha tenido que lidiar con otros problemas de salud que requerían seguimiento constante.
Un icono del deporte mundial
El apodo de 'Mão Santa', aunque cariñoso, era cuestionado por el propio Oscar: "Mi mano no es santa, está entrenada". Y fue precisamente ese entrenamiento incansable lo que lo convirtió en uno de los máximos anotadores de la historia del baloncesto, con la increíble cifra de 49.737 puntos, superando a leyendas como el estadounidense Kareem Abdul-Jabbar.

En 2024, LeBron James superó al icono brasileño y se convirtió en el máximo anotador de la historia del baloncesto mundial. Aún en activo, la estrella de los Los Ángeles Lakers ya suma más de 50.000 puntos en su carrera.
Aunque nunca jugó en la NBA, Oscar siempre despertó una profunda admiración entre las estrellas estadounidenses. El ejemplo más emblemático fue el de Kobe Bryant; el astro de los Lakers creció viendo al brasileño en Italia —donde su padre también jugaba— y nunca ocultó que Oscar fue una de sus grandes referencias e ídolos de la infancia.
El antes y después: Indianápolis 1987
La importancia de Oscar para el baloncesto mundial quedó sellada el 23 de agosto de 1987. En la final de los Juegos Panamericanos, Brasil perdía por 14 puntos ante Estados Unidos en territorio norteamericano. Liderados por Oscar y Marcel, los brasileños lograron endosar la primera derrota de la historia para la selección estadounidense jugando como local.
Oscar anotó 46 puntos esa tarde, obligando al mundo (y a la propia NBA) a reconocer que el baloncesto internacional ya no era "amateur". Muchos historiadores del deporte afirman que esa derrota fue el germen que llevó a Estados Unidos a enviar al Dream Team a los Juegos Olímpicos de 1992.
El Rey de los Juegos Olímpicos
Si la NBA nunca tuvo el placer de verlo en la cancha —Oscar rechazó la invitación para jugar en la liga estadounidense para no perder el derecho a defender a la selección brasileña, una regla vigente en esa época—, los Juegos Olímpicos fueron su escenario principal.
Disputó cinco ediciones de los Juegos Olímpicos (de 1980 a 1996). Es el máximo anotador de la historia del torneo masculino (1.093 puntos). Posee el récord de mayor cantidad de puntos en un solo partido olímpico: 55 puntos ante España en 1988.
Años después, de 1993 a 1995, jugó en el antiguo Forum Valladolid.
Un legado de fidelidad
Lo que convirtió a Oscar en una leyenda mundial, más allá de los números, fue su actitud. Fue uno de los grandes exponentes de la escuela europea (brillando en Italia y España) y un símbolo de patriotismo. Al renunciar al glamour y al dinero de la NBA para vestir la "Amarelinha", Oscar se transformó en el mayor embajador del baloncesto FIBA.
Su ingreso al Naismith Memorial Basketball Hall of Fame en Springfield, en la 2013, fue el reconocimiento definitivo. Oscar no necesitó la NBA para ser inmortal.
OSCAR SCHMIDT
Puntuación total en su carrera: 49.737 puntos.
Promedio en Juegos Olímpicos: 28,8 puntos por partido a lo largo de cinco ediciones.
Títulos: Oro en el Panamericano de 1987, bronce en el Mundial de 1978 y varios títulos nacionales y europeos.
