Nacido en Waiblingen, cerca de Stuttgart, comenzó con los deportes mecánicos en su adolescencia antes de convertirse en piloto amateur a comienzos de los años 1990.
"Cuando terminé mis estudios, trabajé tres años para una empresa del grupo Coca-Cola; después, en 1993, me dediqué a tiempo completo a pilotar, convirtiéndome en profesional", relató este viernes a la AFP desde el paddock del GP de Australia.
No tardó en obtener buenos resultados, con una victoria en la Porsche Carrera Cup Alemania 1994, y después en las 4 Horas de Zeltweg (Austria) en 1997.
- Un clásico del 'paddock'
En 1999, Mayländer se hizo con el volante del coche de seguridad de la Formula 3000 (antecesora de de la F2), un poco por casualidad, y ello le propulsaría poco después hasta la Fórmula 1.
"Durante una carrera de Porsche Super Cup durante el Gran Premio de San Marino en 1999 en Imola, recibo una llamada de Charlie Whiting (director de carrera y delegado para la seguridad de la Federación Internacional del Automóvil), quien me convoca en su oficina. Me causa sorpresa y cuando me reúno con él me propone pilotar el safety car de Formule 3000, diciéndome que en 2000 podría ser posible tener ese puesto también en F1", recuerda.
No obstante, el alemán seguiría hasta 2004 como piloto profesional, compaginándolo con su misión en los GP de Fórmula 1, ganando las 24 Horas de Nürburgring en 2000.
Desde sus inicios en el 2000, el extrovertido y sonriente Bernd se convirtió en un personaje esencial del paddock, sin que los años ni los diferentes coches de seguridad le apartasen de su rol.
"He hecho casi todas las carreras desde el 2000; sólo me perdí cuatro por motivos médicos, porque tuve que operarme", explica a la AFP.
"Aún en forma y motivado"
Aunque esperaba ocupar ese puesto durante un tiempo, no imaginaba seguir al volante del coche de seguridad un cuarto de siglo más tarde.
"Sabía que podría quedarme mucho tiempo, pero nunca hubiera pensado estar ahí 26 años después. Alcanzar los 500 Grandes Premios es un gran orgullo", afirma.
Bernd Mayländer se sienta al volante en cada carrera, dispuesto a entrar en pista al menor incidente. Sigue el GP en vivo a través de varias pantallas, pero corresponde exclusivamente a la dirección de carrera la decisión de dar entrada al safety car.
"Me encanta poder ayudar a los pilotos y a la FIA. Ese trabajo me permite seguir pilotando coches muy rápidos, seguir sobre la pista", apunta.
La FIA organizó este fin de semana una barbacoa en su honor en el país de Oceanía, y le regaló un casco conmemorativo por sus 500 Grandes Premios.
"No es realista decir que haré 500 más, pero me siento aún capaz de seguir algunas semanas, aún estoy en forma y motivado", proclama.
